Los tres filtros

Un joven discípulo llega a casa de su maestro visiblemente excitado y le dice:
“Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…”

“¡Espera!”, le interrumpe el sabio,
“¿Ya pasaste lo que quieres contarme por los tres filtros?”

“¿Qué tres filtros?” pregunta el discípulo.

“El primero es el de la verdad.
¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?”

“No,” le contesta, “Oí a unos vecinos decir que…”

El maestro le interrumpe nuevamente:
“Al menos lo habrás pasado por el segundo filtro, que es el de la bondad.
Eso que deseas contarme, ¿es bueno para alguien?”

“No, en realidad no. Más bien al contrario…”

“El último filtro es el de la necesidad.
¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?”

“A decir verdad, no.”

“Entonces” dice el sabio sonriendo,
“si no es verdadero, ni bueno, ni necesario,
sepultémoslo en el olvido”.

Cuento de la tradición sufi

Perspectivas (1)

Una de los primeros conceptos que aprendí en PNL, y probablemente el que más aplico, es el de las posiciones perceptivas.

Normalmente, cuando tenemos una experiencia, la vivimos desde nuestra propia perspectiva. (Digo normalmente, porque en casos donde el impacto emocional es muy fuerte, nuestra mente puede “irse” de la situación con tal de reducir el dolor o el miedo que sentimos).  Incluso al recordar una escena en concreto, lo hacemos de forma asociada, desde nuestro “yo”.

A través de nuestros propios ojos, observamos al otro (o a los otros) implicado. Le escuchamos con nuestros oídos. Valoramos lo que hace y dice desde nuestra particular visión del mundo.

A menudo estamos en desacuerdo con el. Participamos en discusiones sin llegar a entenderle, y sin que el otro nos entienda.

Nos damos cuenta que algunas situaciones se repiten. Es otra vez la misma riña con nuestra pareja, la misma disputa con el vecino del cuarto.

Para deshacer el impasse, es muy útil jugar a cambiar de perspectiva. Hacerlo como un actor, moviéndonos por el espacio.

Escenificamos un momento difícil “típico” y lo revivimos desde nuestra perspectiva.

Al terminar, salimos y observamos la acción desde fuera. Nos vemos a nosotros mismos y a la otra persona. Miramos cómo se mueven, escuchamos qué dicen.

Después nos posicionamos en el lugar del otro. Nos vemos a nosotros mismos a través de sus ojos, nos escuchamos con sus oídos. Incluso podemos notar qué efecto tiene nuestra actitud en él.

Es una experiencia muy enriquecedora que nos aporta nuevas formas de entendimiento. Nuevas maneras de expresar nuestros pensamientos y sentimientos, que ayudarán a mejorar nuestra comunicación.

Es un primer paso hacia una comunicación más eficaz.