Serendipity

Dedico este post a Trina Milan, Jaime Valverde, Marco Cimino, Ricard Castellet: compañeros de twitter, de gourmet y de conversaciones enriquecedores. También se lo dedico a mi socio y compañero de viaje Montecarlo que aunque ayer no pudo compartir nuestra mesa, comparte todo lo demás. A todos ellos les invito con mucho cariño a seguir este meme que hoy empiezo.


Ayer por fin salió el sol en Barcelona. Olía a temprana primavera. Me desabroché la chaqueta y dejé que el aire me refrescara mientras subía en moto por el Paseo de Gracia. El destino: el 103 de Santaló. La misión: compartir visiones sobre el coaching con mis amigos de twitter.


Teníamos previsto hablar de coaching. Pero con las buenas conversaciones, ocurre como con los buenos viajes: nos llevan a lugares imprevistos. Así de pronto, nos descubrimos hablando de la suerte que teníamos de habernos conocido. Y de lo improbable que hubiera sido encontrarnos “en la vida real”. (Los twitteros somos así de raritos: distinguimos entre nuestros dos mundos paralelos: el paisaje digital y el tangible). También contaron Marco y Jaime como la semana pasado escribieron dos posts sobre el mismo tema y con títulos casi idénticos.

Creo que fue Trina quien le puso nombre: “Serendipity“.


Y ¿qué es, serendipity?


Si recurrimos al diccionario online de Cambridge (el de la RAE no incluye el término), nos da una definión adecuada a la vez que aséptica:


serendipity


Aunque personalmente me gusta más entender las palabras por su contexto, su historia. Y ésta en concreto tiene una historia de verdad: “Los tres príncipes de Serendip“, de la que ayer compartí la parte que recordaba. La historia fue publicada por primera vez en Venecia en 1557, aunque su tradición oral se remonta a siglos anteriores. Y probablemente es originaria la India. Es parte de la magia de las historias, que se pierda su origen, que cambien y crezcan cada vez que son contadas.


Cuenta esta historia que “los tres príncipes durante su largo viaje, contínuamente descubrían cosas, por accidente o por astucia, que no tenían relación evidente con su búsqueda.” Coincidimos que a todos nos ha pasado. Que nos pasan cosas inexplicables, vivimos coincidencias fortuitas que cambian nuestra visión e incluso nuestro rumbo. Que nos hacen reflexionar y nos llevan a soluciones inimaginadas.


Hoy, cuando me he sentado a darle forma a mis pensamientos, me he acordado de una conversación que tuve con mi amiga Mertxe sobre El Secreto. En aquella ocasión hablamos de lo imposible que resulta conseguir las cosas sólo porque te las imaginas y crees en ellas. La realidad supera a los libros, es más compleja que ellos. Y también, si lo queremos ver, es mucho más maravillosa que lo que se pueda recoger en un texto. Y a eso iba: La magía no ocurre porque crees en ella, pero si no crees, te aseguro que se mantendrá invisble a tus ojos.


¿Estás dispuesto a creer?

El valor del dinero

Esta historia me la contó un gran amigo, a quien dedico este post.

Una mujer tenía una hija adolescente con problemas. La chica iba mal en la escuela y no se relacionaba con sus compañeros de clase. En casa sólo se comunicaba con silencios o gritos. La madre, desesperada, acudió a un terapeuta.

El hombre se reunió con la joven para una primera sesión y acordaron hacer un trabajo de Coaching. A la salida, le dio a la madre sus tarifas y condiciones de pago, que incluían abonar el importe total al final del tratamiento.

Coach y clienta trabajaron juntos durante 8 semanas en las que se vieron 8 veces. Pasado este tiempo, la chica estaba contenta, había recuperado el contacto con sus amigos, se había reestablecido la comunicación en casa y sus notas habían mejorado bastante. Coincidían en que ya estaba lista para caminar por su propio pie y así se lo contaron a la madre.

La hija se despidió de su Coach y se fue a esperar al coche, mientras la madre se ocupaba de liquidar los honorarios.

El Coach le había preparado una factura por valor de 8 sesiones. No recuerdo el importe, aunque creo que fueron unos 80.000 pesetas de la época (menos de 500 euros). Cuando la mujer vió el papel, estalló en cólera: “Pero, ¡¿qué es esto?! ¡Es mucho dinero!”

Mi amigo la miró en silencio. Lentamente, acercó su mano a la solapa de la chaqueta de cuero que llevaba la mujer. La tocó suavemente y dijo: “¡Qué bonita! ¿Cuánto te ha costado?”

La mujer se ruborizó. Sacó un talonario, rellenó un cheque, lo firmó, y se lo entregó al Coach.

¿Qué es una marca?

En respuesta a un post inicial de Daniel Ponte, Jaime y Borja lanzaron un meme desde su blog. En los últimos días, twitter zumba con respuestas a su pregunta ¿Que es una marca para ti?. (Encontrarás la lista actualizada de todas las respuestas en el bloc de xavi). A mí me pasó la patata caliente @mcimino y he necesitado hasta hoy para elaborar mi respuesta. No me considero una experta en el tema, por lo que dejo el Branding y el Marketing a los especialistas.

Como algunos sabéis, en mi “vida anterior” estudié diseño gráfico. Este fin de semana he recurrido a algunos de los teóricos de mis días de estudiante para recuperar el hilo perdido. Lo primero que recordé al releer a Wucius Wong, Norberto Chaves y Adrian Frutiger fue que “brand” (marca, en su voz inglesa) tiene su origen en la palabra “brandr”, que en noruego antiguo hace referencia a la práctica por parte de los productores de marcar sus productos (¡a fuego!). Las primeras prácticas de branding tienen mucho que ver con esta identificación de la empresa que hay detrás de un objeto y que se identifica a través de esa sofisticada firma que consiste en nombre+imagotipo=logotipo (más tarde se añaden estrategias de comunicación, eslóganes, campañas). Y creo que a pesar de estar hablando entre habitantes de internet, personas avanzadas y visionarias, a veces nos condiciona esta idea inicial de lo que es una marca.

Porque una marca es mucho más que un sello (quemado al fuego, impreso o convertido en píxels). Una marca, sea personal o de empresa, producto, servicio, es la expresión de una identidad. Y esta identidad, ese ¿quién es? o ¿qué es? existe al margen de la opinión que tiene el mundo exterior de ella. Todo lo que rodea la identidad es susceptible de cambio y de mejora. Así, una marca puede recibir críticas y reaccionar ante ellas, puede observar cómo empeora su reputación y actuar para mejorarla. Puede reinventarse o morir. Y en el proceso, evolucionará. Pero su esencia quedará intacta.

Y paso la memepelota a @isabelsabadi @ricardcastellet y @joanjimenez, porque me encantará conocer su opinión respecto a la marca. ;-)

La Mentira de la Verdad

Este cuento sufí es uno de mis preferidos. Se lo dedico a Marco Sapina, que es un gran buscador de la verdad.




UN JOVEN, noble e idealista, escuchó decir un día que la verdad era una doncella, hermosa y deseable. Tan deseable que el hombre que tuviera la fortuna de encontrarla quedaría prendado y satisfecho para siempre. Desde ese momento, el joven sintió que su corazón se llenaba de deseo por la bella desconocida, y juró consagrar su vida a encontrarla.

Primero la buscó en los libros de sabiduría y de filosofía, pero descubrió incesantemente nuevos libros que desmentían, con pruebas de apoyo, las verdades publicadas anteriormente.

Y la buscó en las religiones, puesto que cada religión pretendía poseer la verdad última; pero esta verdad se encontraba fuertemente refutada por las otras religiones.

Y la buscó en el vasto mundo. Cada vez que llegaba a una ciudad o a un pueblo, preguntaba:

«¿Conocéis la verdad? ¿Vive aquí?».

Y en todas las ocasiones se le respondía:

«¿La verdad? Sí, ha pasado por aquí hace mucho tiempo. Pero se ha marchado y nadie sabe adonde ha ido.»

Cuando hubo visitado todas las ciudades de todos los países, y había transcurrido más de la mitad de su vida, nuestro cazador de la verdad abandonó los hombres y se volvió hacia la naturaleza. Interrogó largamente a los árboles, a las montañas, los bosques y los océanos y, de igual modo, a los pájaros, los peces, los mamíferos e incluso a los insectos. Les preguntaba:

«¿Conocéis la verdad? ¿Vive aquí?».

Y los árboles, las montañas, los bosques, los océanos, los pájaros, los peces, los mamíferos y los insectos le respondían invariablemente, cada uno en su lenguaje: «¿La verdad? Sí, la hemos visto pasar por aquí hace tiempo. Pero no se detuvo, y quién sabe dónde se puede encontrar ahora».

El joven se convirtió en un viejo, pero siguió buscando siempre la verdad. Tras haber agotado los recursos de la sabiduría, de los hombres y de la tierra, llegó a un vasto desierto de arena blanca. Y preguntó al desierto:

«¿Sabes tú dónde se encuentra la verdad?»

Y el desierto le respondió:

«Se encuentra aquí. Puesto que yo soy la verdad.»

Pero a fuerza de buscar la verdad, el noble anciano había aprendido a reconocer los artificios y a evitar las tentaciones. Supo inmediatamente que el desierto mentía, y de ese modo continuó su camino.

Finalmente, llegó al fin del mundo. Allí se encontró con una gruta oscura y profunda. El anciano entró en la gruta, y aguardó a que sus ojos se acostumbrasen a la oscuridad. Y entonces descubrió que algo se movía en la negrura. Se trataba de una mujer muy vieja y muy fea. No obstante, él la reconoció al instante: era la verdad. A pesar de su desagradable apariencia, él se inclinó ante ella y le dijo:

«Te he buscado por todo el mundo, y tú no estabas en ninguna parte. Partí cuando era joven, y heme ahora convertido en un viejo. ¿Por qué te ocultas a todas las miradas? Todos te esperamos y te escuchamos. ¿Por qué huyes de tus amantes? Si te parece bien, deja tu retiro y acompáñame al mundo.»

La verdad no respondió.

El anciano insistió durante días y días, pero la verdad siguió muda. Entonces, cuando comprendió que ella jamás abandonaría su cubículo umbrío en aquel rincón del fin del mundo, le dijo:

«Bien, te voy a dejar, ya que rehúsas venir conmigo. Pero, antes de marcharme, te voy a pedir un único favor: confíame un mensaje que pueda llevar conmigo y dejarlo en el mundo a los árboles, a las montañas, a los bosques, a los océanos, a los pájaros, a los mamíferos, a los insectos, a los hombres, a los sabios, a los filósofos y a los hombres de Dios. De ese modo podré decirles: He aquí una palabra de verdad.»

Entonces, la verdad, esa dama vieja y fea, le miró al fondo de los ojos y pronunció estas únicas palabras:

«Ve, y diles que soy joven y bella».

Es necesario desear la verdad, sea cual sea la apariencia que tenga, y seguir todas las vías que pueden conducirnos a ella.

White Birds, Black Birds

A Teaching story from Tierno Bokar

“In relation to one another,” he said, “humans are comparable to walls located facing one another. Each wall is pierced by a multitude of small holes where white birds and black birds are nested. The black birds are bad thoughts and bad words. The white birds are good thoughts and good words. Because of their form, the white birds can only enter into holes for white birds and the same for black birds who can only nest in holes for black birds. Now, imagine two men who believe they are enemies of each other. Let us call them Yousef and Ali.

One day, Yousef, persuaded that Ali wishes bad for him, feels full of anger for Ali and sends him a very bad thought. In doing this, Yousef releases a black bird and at the same time liberates a corresponding hole. His black bird flies towards Ali and looks for an empty hole adapted to his form to nest in. If, from his side, Ali has not sent a black bird towards Yousef, that is, if Ali has not emitted any bad thought, none of his black holes will be empty. Finding no place to lodge itself, Yousef’s black bird will be obliged to return to its original nest, taking with him the evil which he was burdened with, an evil which will end up eroding and destroying Yousef himself.

But let us imagine that Ali too has emitted a bad thought. By doing this, he has liberated a hole in which Yousef’s black bird will be able to enter in order to deposit part of his evil and accomplish there his mission of destruction. During this time, Ali’s black bird will fly towards Yousef and will alight in the hole freed up by Ali’s black bird. Thus, the two black birds will have obtained their goal and will have worked to destroy the men whom they were each destined for.

But once their task is accomplished, the birds will each return to their nest of origin because, it is said: ‘Everything returns to its source.’Since the evil they were burdened with is not exhausted, this evil will turn against their authors and will end up destroying them. The author of a bad thought, of a bad wish, or of an ill-spoken word is therefore attacked by both the black bird of his enemy and by his own black bird when this latter returns to him.

The same thing happens with white birds. If we emit only good thoughts towards our enemy, whereas the enemy only addresses bad thoughts to us, the enemy’s black birds will not find any place to lodge themselves with us and will return to their sender. As for the white birds who bear good thoughts that we have sent to him, if they find no free place with our enemy, they will return to us charged with all the beneficial energy which they are carrying.

Thus, if we emit only good thoughts, no evil, no ill-spoken words can ever reach into our being. That is why one should always ask for blessings on both one’s friends and one’s enemies. Not only does the benediction go towards its objective to accomplish its mission of pacification, but also it comes back to us, one day or another, with everything with which it is laden.

This is what the Sufis called “desirable egoism”. It is the valid Love of Self, likened to respect for oneself and for one’s neighbor because every man, good or bad, is the depository of a part of the divine Light. That is why the Sufis, in conformity with the teaching of the Prophet, do not want to soil either their mouth or their being by bad words or bad thoughts, even by apparently benign criticisms.”

Because of the principle that wills that “everything returns to its source” he urged his students to only generate their most pure spiritual vibrations by consecrating their thoughts and tongues to the recitation of the Name of God (dhikrullah).

Many thanks to Sacred Web.

Visiones compartidas: Diez cosas que aprendí de Milton Glaser

El otro día en el First Tuesday conversamos Joan Jiménez y yo sobre los malos rollos que nos rodean, la necesidad de dejar que nos resbalen y dirigir nuestra atención hacia personas, ideas y situaciones positivas.

Más tarde comenté la charla con mi socio Montecarlo quien me recordó el siguiente texto-tesoro del gran diseñador gráfico Milton Glaser titulado “Diez cosas que aprendí” que guardamos en una carpeta común llamado “Inspiración”. Se lo envié a Joan, porque me gusta compartir pensamientos positivos con personas positivas.

Como resultado de este compartir, hoy, martes 26 de mayo a las 11, Joan Jiménez y Eva Snijders publicamos un artículo cada uno con nuestras ideas sobre el texto original de Milton Glaser.

Tu feedback será bienvenido.

Las diez lecciones de la vida que Milton Glaser menciona son:

    SÓLO TRABAJA PARA GENTE QUE TE CAE BIEN
    SI PUEDES, NUNCA ACEPTES UN TRABAJO FIJO
    ALGUNAS PERSONAS SON TÓXICAS: EVÍTALAS
    LA PROFESIONALIDAD NO BASTA o LO BUENO ES EL ENEMIGO DE LO REALMENTE GENIAL
    MENOS NO SIEMPRE ES MÁS
    NO TE FÍES DEL ESTILO
    TU MANERA DE VIVIR CAMBIA TU CEREBRO
    ES MEJOR DUDAR QUE TENER CERTEZAS
    HAZTE MAYOR CON ELEGANCIA
    DI LA VERDAD

Texto completo disponible en:
Inglés (pinchar en “Ten Things I’ve Learned”)
Español

Milton Glaser nació en 1929 y es uno de los diseñadores gráficos más reconocidos del mundo. A sus 80 años sigue en activo al frente del estudio que lleva su nombre e imparte clases y talleres. Y lo más importante: se reinventa a diario. Es un hombre tremendamente creativo y positivo. Escucha y observa al mundo con la curiosidad de un niño. Y según él mismo dice, aprende algo nuevo cada día.

Yo también quiero llegar a los ochenta años y sobre todo, quiero llegar igual de bien que Milton Glaser. ¿Y cómo lo conseguiré? Para empezar, ¡creyendo en ello!

Las creencias son las reglas según las cuales vivimos. Más que simples teorías, son principios de acción que determinan nuestros pasos. (Si queremos saber en qué cree una persona, nos tenemos que fijar en lo que hace, no en lo que dice.) Creemos en la gravedad y actuamos como si existiera. No comprobamos si funciona intentando volar. Y a la gravedad, poco parece importarle lo que nosotros creamos. En cambio, lo que creemos acerca de nuestras capacidades y las relaciones que tenemos sí influye en ellas. Si creemos que algo es posible, podemos conseguirlo. Si no lo creemos, ni lo intentamos.

Construimos nuestras creencias según las experiencias que tenemos. Y una vez creadas, actuamos como si fuesen ciertas. Si yo me considero una persona tímida, me relacionaré con otras personas desde esa timidez, sonrojándome y titubeando cuando tenga que hablar. Si en cambio me percibo como alguien simpático y agradable, me costará poco acercarme a personas nuevas y expresar lo que pienso. Y las personas con las que me encuentro por sus reacciones, reforzarán esta autopercepción.
Lo interesante es que cada nueva experiencia refuerza las creencias que tenemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Esto significa que si empezamos a actuar de forma diferente, poco a poco cambiaremos lo que creemos.

Podemos elegir nuestras creencias. Si los resultados que estamos obteniendo no nos convencen, podemos actuar de un modo distinto.

Milton Glaser representa un modelo de persona mayor activa, vital y creativa. Y me pregunto qué creencias le han ayudado a llegar donde hoy está. ¿Qué podemos aprender sobre cómo envejecer con elegancia?

    Milton Glaser cree en lo positivo.
    No cree en las reglas establecidas, las desafía.
    Cree que puede aprender algo nuevo cada día, y de cualquier persona.
    Cree que es una persona activa y creativa.
    Y sobre todo: admite la duda y revisa sus propias creencias constantemente.

No perdemos nada por poner en práctica algunas de estas ideas. Vivir un día como si fuesen ciertas y observar qué pasa. Y podemos ganar mucho: flexibilidad, perspectiva, y a la larga: una vejez rica en actividades, amistades y pensamientos.

Yo, de mayor quiero ser como Milton Glaser. ¿Y tú?

Soñar con peces

O cómo nuestras creencias sobre el funcionamiento y el significado del mundo entorpecen nuestra comunicación.

Psicoanalista: Disculpe, pero ¿anoche tuvo algún sueño, por casualidad?

Cliente: No sé…. Sí, me parece que sí.

Psicoanalista: ¿Acaso soñó con peces?

Cliente: Uhhh, no, no soñé con peces, no.

Psicoanalista: ¿Qué soñó, entonces?

Cliente: Bueno… soñé que iba andando por una calle de la ciudad.

Psicoanalista: ¿Había agua en esa calle, algún charco tal vez?

Cliente: Bueno, no creo, no.

Psicoanalista: ¿Hubiera podido haberlo?

Cliente: Supongo que hubiera podido haber agua en la cuneta o algo así, pero no lo vi.

Psicoanalista: ¿Hubiera podido haber algún pez en ese agua?

Cliente: Lo veo difícil… En una cuneta, en la cuidad.

Psicoanalista: Veamos pues, en la calle de su sueño ¿había algún restaurante?

Cliente: No.

Psicoanalista: Pero hubiera podido haberlo, ¿no?

Psicoanalista: Prosigamos. Iba usted andando por la ciudad.

Cliente: Bueno… supongo que hubiera podido haber un restaurante…

Psicoanalista: Y… ¿servían pescado en ese restaurante?

Cliente: Bueno, supongo que como en cualquier restaurante…. Podría ser que en la carte tenían pescado, sí.

Psicoanalista: ¡Lo sabía! ¡Sueña con peces! Muy significativo.

Extracto de una charla de Robert Dilts

Feedback del taller

Ha sido una experiencia fantástica!!
He aprendido mucho y también me he divertido mucho!
Ya estoy apuntada para el próximo curso!

El taller de comunicació eficaç del cap de setmana va ser fantàstic: vaig aprendre molt del món que m’envolta, i de com relacionar-s’hi. També de com fer fàcil el que aparentment sembla molt complex, gairebé laberíntic. Mil gràcies i espero un altre taller ben aviat

Va ser un curs molt interessant, i ho vaig passar molt bé amb vosaltres.

En cuanto a mi se refiere:

Acabé contenta y agotada a partes iguales. Me lo pasé fantásticamente bien y tengo ganas de empezar el próximo.

¡Gracias a todos por vuestra participación activa!
¡Hasta la próxima!

Una metáfora del Coaching

Cuenta Milton Erickson que un día llegó a su casa un caballo perdido. El animal no llevaba ninguna marca que lo identificase pero Erickson decidió devolvérselo a su amo.

Montó el caballo y lo condujo hasta la carretera. Una vez allí, dejó que el propio caballo decidiera hacia dónde quería ir. Él sólo intervenía si el caballo se desviaba del camino para comer o para pasear en los prados de los alrededores.

Continuaron así unos cuantos kilómetros hasta que llegaron a una granja. Allí el animal se detuvo. Salió el granjero a recibir la inesperada visita y al ver su caballo preguntó: “¿Cómo ha sabido que este caballo era nuestro?” a lo que Erickson respondió: “Yo no lo sabía… El caballo sí. Yo sólo he tenido que mantenerlo en el camino.”