Role Models. Michael Jackson. Why not?

The other day, this lady told me how glad she was that her adolescent son had Steve Jobs for a role model. So far, so good. Then she added, “I mean, imagine if he’d want to be like Michael Jackson!”. I didn’t reply. I guess I wasn’t on a mission that particular day. And I didn’t feel like telling her this:

Role models, like any other models, are abstractions of reality. As much as we admire a person, we admire certain capacities or attitudes. This admiration tells us who we could become, or who we long to become in our dreams. Like other models, they give us an opportunity to examine and learn. To find out how a machine works without the distractions of mechanical and technical details. Or to explore a way to be successful in our endeavors. Say, if I would want to become a better skier, I would benefit from observing professionals ski and imitate their movements. If I’d long to be successful in business, I could learn from case studies and the experience of other people who have been successful in business.
But, and this is important: I do not need (or want) to become that person. Or be like them in every single detail.

Now, I happen to admire both Steve Jobs and Michael Jackson. I would like to be as bold in business as Steve was and as brilliant a transformer as Michael was. But, and here’s the thing: I don’t mind turtle necks, but I would be very displeased with myself if I’d treated the people around me with the disdain Steve apparently displayed. And I would be ashamed of myself if I’d ever become as fussy as Michael appeared to be. (Let alone that I’m rather happy to be a female ;-).

Meme. Ya estamos conectados. Y ahora, ¿qué?

Esta mañana me sorprende mi amiga Patricia de Andrés con uno de mis pasatiempos favoritos (este comentario en twitter llevaría el hashtag #humorholandes): un… ¡Meme! iniciado por Agustí Brañas.

Patricia me pide que

amplíe un poco esa idea del Storytelling Personal para el Networking porque le da el pálpito que el enfoque de lo que contamos y cómo lo construimos es clave para analizar lo que conseguimos.

Resulta que precisamente ayer por la tarde di una conferencia sobre el tema en la Asociación Española de Directivos y acabo de de subir las slides:



Me falta aportar mi granito de arena sobre el entorno 2.0. Sinceramente, hasta hoy no he descubierto una gran diferencia en las posibilidades, ni las reglas del juego del mundo off y el mundo on. Ante la duda de cómo comportarme, hasta hoy me ha servido el sentido común.


Lo que si me llama la atención es un tema muy propio de la PNL: la definición de objetivos. Para conseguir un objetivo, el primer paso es definir lo que queremos conseguir, y hacerlo siendo realistas. Preguntarnos cómo lo vamos a conseguir y trazar un plan. Dar pasos, evaluarlos y rediseñar nuestras acciones hasta llegar a la meta.


Creo que tanto en el entorno del networking off-line, como en las redes sociales, falla esta parte. Mejor dicho: falla el objetivo más allá de “darnos visibilidad”, “conseguir tarjetas” o “llegar a los mil contactos”. También nos podemos equivocar en la definición de nuestro target (confieso que me ha pasado) y perder tiempo intentando convencer a quien nunca nos va a comprar.


Reflexionando en voz alta, también creo que en internet las cosas parecen moverse muy rápido. En una tarde, podemos montar un blog, y todas las perfiles digitales que queramos. En pocas semanas, podemos conseguir hacer mucho ruido. Pero la notoriedad no iguala la confianza que inspiramos en los demás. La confianza, como los buenos guisos, necesita su tiempo de cocción. Y los negocios se basan en la confianza (mutua).


Y paso la palabra a @Yoriento y @Seniormanager que no se me ocurren mejores profesionales para opinar sobre este tema.

Visiones compartidas: Diez cosas que aprendí de Milton Glaser

El otro día en el First Tuesday conversamos Joan Jiménez y yo sobre los malos rollos que nos rodean, la necesidad de dejar que nos resbalen y dirigir nuestra atención hacia personas, ideas y situaciones positivas.

Más tarde comenté la charla con mi socio Montecarlo quien me recordó el siguiente texto-tesoro del gran diseñador gráfico Milton Glaser titulado “Diez cosas que aprendí” que guardamos en una carpeta común llamado “Inspiración”. Se lo envié a Joan, porque me gusta compartir pensamientos positivos con personas positivas.

Como resultado de este compartir, hoy, martes 26 de mayo a las 11, Joan Jiménez y Eva Snijders publicamos un artículo cada uno con nuestras ideas sobre el texto original de Milton Glaser.

Tu feedback será bienvenido.

Las diez lecciones de la vida que Milton Glaser menciona son:

    SÓLO TRABAJA PARA GENTE QUE TE CAE BIEN
    SI PUEDES, NUNCA ACEPTES UN TRABAJO FIJO
    ALGUNAS PERSONAS SON TÓXICAS: EVÍTALAS
    LA PROFESIONALIDAD NO BASTA o LO BUENO ES EL ENEMIGO DE LO REALMENTE GENIAL
    MENOS NO SIEMPRE ES MÁS
    NO TE FÍES DEL ESTILO
    TU MANERA DE VIVIR CAMBIA TU CEREBRO
    ES MEJOR DUDAR QUE TENER CERTEZAS
    HAZTE MAYOR CON ELEGANCIA
    DI LA VERDAD

Texto completo disponible en:
Inglés (pinchar en “Ten Things I’ve Learned”)
Español

Milton Glaser nació en 1929 y es uno de los diseñadores gráficos más reconocidos del mundo. A sus 80 años sigue en activo al frente del estudio que lleva su nombre e imparte clases y talleres. Y lo más importante: se reinventa a diario. Es un hombre tremendamente creativo y positivo. Escucha y observa al mundo con la curiosidad de un niño. Y según él mismo dice, aprende algo nuevo cada día.

Yo también quiero llegar a los ochenta años y sobre todo, quiero llegar igual de bien que Milton Glaser. ¿Y cómo lo conseguiré? Para empezar, ¡creyendo en ello!

Las creencias son las reglas según las cuales vivimos. Más que simples teorías, son principios de acción que determinan nuestros pasos. (Si queremos saber en qué cree una persona, nos tenemos que fijar en lo que hace, no en lo que dice.) Creemos en la gravedad y actuamos como si existiera. No comprobamos si funciona intentando volar. Y a la gravedad, poco parece importarle lo que nosotros creamos. En cambio, lo que creemos acerca de nuestras capacidades y las relaciones que tenemos sí influye en ellas. Si creemos que algo es posible, podemos conseguirlo. Si no lo creemos, ni lo intentamos.

Construimos nuestras creencias según las experiencias que tenemos. Y una vez creadas, actuamos como si fuesen ciertas. Si yo me considero una persona tímida, me relacionaré con otras personas desde esa timidez, sonrojándome y titubeando cuando tenga que hablar. Si en cambio me percibo como alguien simpático y agradable, me costará poco acercarme a personas nuevas y expresar lo que pienso. Y las personas con las que me encuentro por sus reacciones, reforzarán esta autopercepción.
Lo interesante es que cada nueva experiencia refuerza las creencias que tenemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Esto significa que si empezamos a actuar de forma diferente, poco a poco cambiaremos lo que creemos.

Podemos elegir nuestras creencias. Si los resultados que estamos obteniendo no nos convencen, podemos actuar de un modo distinto.

Milton Glaser representa un modelo de persona mayor activa, vital y creativa. Y me pregunto qué creencias le han ayudado a llegar donde hoy está. ¿Qué podemos aprender sobre cómo envejecer con elegancia?

    Milton Glaser cree en lo positivo.
    No cree en las reglas establecidas, las desafía.
    Cree que puede aprender algo nuevo cada día, y de cualquier persona.
    Cree que es una persona activa y creativa.
    Y sobre todo: admite la duda y revisa sus propias creencias constantemente.

No perdemos nada por poner en práctica algunas de estas ideas. Vivir un día como si fuesen ciertas y observar qué pasa. Y podemos ganar mucho: flexibilidad, perspectiva, y a la larga: una vejez rica en actividades, amistades y pensamientos.

Yo, de mayor quiero ser como Milton Glaser. ¿Y tú?

Soñar con peces

O cómo nuestras creencias sobre el funcionamiento y el significado del mundo entorpecen nuestra comunicación.

Psicoanalista: Disculpe, pero ¿anoche tuvo algún sueño, por casualidad?

Cliente: No sé…. Sí, me parece que sí.

Psicoanalista: ¿Acaso soñó con peces?

Cliente: Uhhh, no, no soñé con peces, no.

Psicoanalista: ¿Qué soñó, entonces?

Cliente: Bueno… soñé que iba andando por una calle de la ciudad.

Psicoanalista: ¿Había agua en esa calle, algún charco tal vez?

Cliente: Bueno, no creo, no.

Psicoanalista: ¿Hubiera podido haberlo?

Cliente: Supongo que hubiera podido haber agua en la cuneta o algo así, pero no lo vi.

Psicoanalista: ¿Hubiera podido haber algún pez en ese agua?

Cliente: Lo veo difícil… En una cuneta, en la cuidad.

Psicoanalista: Veamos pues, en la calle de su sueño ¿había algún restaurante?

Cliente: No.

Psicoanalista: Pero hubiera podido haberlo, ¿no?

Psicoanalista: Prosigamos. Iba usted andando por la ciudad.

Cliente: Bueno… supongo que hubiera podido haber un restaurante…

Psicoanalista: Y… ¿servían pescado en ese restaurante?

Cliente: Bueno, supongo que como en cualquier restaurante…. Podría ser que en la carte tenían pescado, sí.

Psicoanalista: ¡Lo sabía! ¡Sueña con peces! Muy significativo.

Extracto de una charla de Robert Dilts

Objetivos (2)

Nuestra mente sí entiende un “Sí”

“Sin duda alguna, nos convertimos en aquello que imaginamos.”

Claude M. Bristol

Continuamente tomas pequeñas decisiones. Y cuando lo haces, siempre tienes un objetivo en mente. Quieres conseguir alguna cosa. Ya sea apaciguar tu sed o conseguir un aumento de sueldo, te mueves en una dirección concreta. Muchas veces no eres consciente de tus motivaciones hasta que te das cuenta que no estás consiguiendo aquello que te gustaría.

Y cuando sabes que esperabas un resultado diferente, es el momento de definirlo y de diseñar la estrategia para llegar hasta el. Es el momento de ponerte un nuevo objetivo y de ver la forma de alcanzarlo.

Busca un lugar tranquilo y respira hondo.

Cuando estás relajado, recréate en el sueño de tu vida ideal.

Y con este ideal en mente, ponte manos a la obra para darle forma.

1. Formula tu objetivo en positivo. ¿Qué es lo que realmente quieres?
Al definir tu objetivo en positivo, centras tu atención en lo que sí quieres. Así, estableces una meta y puedes encaminarte hacia ella.
Si te propones tener un trabajo mejor, te contentarás con cualquier empleo que tenga un horario algo más reducido o un sueldo algo más alto que el actual. Si en cambio defines cuál sería tu trabajo ideal, puedes diseñar una estrategia para conseguirlo.

2. Alcanzar el objetivo ha de depender de ti. ¿Qué vas a hacer para alcanzar tu objetivo?
Puede ser muy frustrante pretender que alguien nos quiera (o que nos toque la lotería), ya que conseguirlo no está en tus manos.

3. Especifica tu objetivo. ¿Quién, dónde, cuándo, qué y cómo?
Cuanto más claro esté, más fácil te resultará evaluar si estás en buen camino.
Si dices “quiero perder cinco kilos”, la báscula te ayudará a determinar tus avances. En cambio, si dices “quiero perder peso”, puede que te contentes con una diferencia de 200 gramos o que no sepas cuándo dar por concluida la dieta.

4. Evidencia. ¿Cómo vas a saber que has llegado a la meta?
Si tu objetivo es perder 5 kilos, puedes imaginarte la báscula indicando tu peso deseado. Si quieres un aumento de sueldo, la evidencia sensorial puede ser el recibo del banco o tu nómina. Si lo que quieres conseguir es algo abstracto como tener más confianza en ti mismo, busca una prueba que puedes realizar para evaluar tu mejora.

5. Organiza tus recursos. ¿Qué recursos necesitas para llegar a tu meta?
Piensa en los recursos materiales y personales que necesitarás para alcanzar tu objetivo. De cuáles dispones ya? Cuáles te faltan por adquirir? Hay alguna persona en tu entorno que pueda dar apoyo tu proyecto?

6. Dale un tamaño adecuado a tu objetivo.
Si tu objetivo es muy pequeño, puede que no te motive lo suficiente.
Si en cambio es muy grande, puede que no veas cómo alcanzarlo. En este caso, trocéalo y conviértelo en pequeños objetivos.

7. Asegúrate que el cambio sea ecológico. ¿Cómo afectará a tu vida?
Todo cambio, por muy positivo que sea, trae consecuencias. Afectará a otros ámbitos de tu vida, a tu pareja, tu familia, tus amigos. Imagínate por un momento cómo será tu vida en un contexto más amplio, una vez hayas alcanzado tu sueño. ¿Será mejor para todos? ¿Sí? ¡Enhorabuena!

8. Pasa a la acción.
Decide el primer paso que vas a dar para conseguir tu objetivo. Tal vez sea tan pequeño como llamar y pedir información de un curso o adquirir un libro. No importa. Como dice el Tao: El viaje de mil millas comienza con un paso.

Objetivos (1)

Nuestra mente no entiende un “No”

“NO te caigas!”
[…]
“Te lo advertí…”

La idea que nuestro cerebro es como un sofisticado ordenador está anticuada, aunque los ordenadores fueron diseñados para emular el pensamiento humano. Así que algo nos puede enseñar la analogía.

Hay un hecho fundamental, objeto de estudio para lingüistas y neurólogos, y es que nuestro cerebro, esa gran máquina, no entiende la palabra “No”.

¿Cómo?

Nuestro cerebro funciona con imágenes. Y es imposible crear una imagen de algo que NO existe.

Hagamos la prueba. Si te digo que “NO pienses en un elefante azul con tutú subido a un taburete, tocando los bongos con la pata derecha y un saxofón con la izquierda…” ¿En qué estás pensando? ¿Cuánto ha tardado tu mente en dibujar un zoo, un circo, un animal fantástico y todos los complementos que NO le acompañaban?

Una vez comprobado como procesa nuestra mente un mensaje negativo, piensa un momento en todas las cosas que nos decimos, que decimos a nuestros hijos, a nuestros amigos, a la vida misma, de forma negativa.

Sorprendente, ¿verdad?

Si tienes miedo a caer enfermo, a perder el trabajo, a caerle mal a alguien, en realidad, estás generando imágenes en tu cabeza de aquello a lo que tienes miedo. Le estás diciendo a tu cabeza que tu objetivo es caer enfermo, perder el trabajo, caerle mal a tal persona (o caer mal en general).

Se trata pues, de tomar consciencia, y de entrenarte en la formulación en positivo de tus objetivos, de modo que te mantengas sano, trabajes toda la vida (o el tiempo que te propongas) y le caigas bien a esa persona que tanto te importa (a todo el mundo, tal vez, no haga falta).

Continuará en Objetivos (2): Nuestrá mente SÍ entiende un “Sí”.

Perspectivas (1)

Una de los primeros conceptos que aprendí en PNL, y probablemente el que más aplico, es el de las posiciones perceptivas.

Normalmente, cuando tenemos una experiencia, la vivimos desde nuestra propia perspectiva. (Digo normalmente, porque en casos donde el impacto emocional es muy fuerte, nuestra mente puede “irse” de la situación con tal de reducir el dolor o el miedo que sentimos).  Incluso al recordar una escena en concreto, lo hacemos de forma asociada, desde nuestro “yo”.

A través de nuestros propios ojos, observamos al otro (o a los otros) implicado. Le escuchamos con nuestros oídos. Valoramos lo que hace y dice desde nuestra particular visión del mundo.

A menudo estamos en desacuerdo con el. Participamos en discusiones sin llegar a entenderle, y sin que el otro nos entienda.

Nos damos cuenta que algunas situaciones se repiten. Es otra vez la misma riña con nuestra pareja, la misma disputa con el vecino del cuarto.

Para deshacer el impasse, es muy útil jugar a cambiar de perspectiva. Hacerlo como un actor, moviéndonos por el espacio.

Escenificamos un momento difícil “típico” y lo revivimos desde nuestra perspectiva.

Al terminar, salimos y observamos la acción desde fuera. Nos vemos a nosotros mismos y a la otra persona. Miramos cómo se mueven, escuchamos qué dicen.

Después nos posicionamos en el lugar del otro. Nos vemos a nosotros mismos a través de sus ojos, nos escuchamos con sus oídos. Incluso podemos notar qué efecto tiene nuestra actitud en él.

Es una experiencia muy enriquecedora que nos aporta nuevas formas de entendimiento. Nuevas maneras de expresar nuestros pensamientos y sentimientos, que ayudarán a mejorar nuestra comunicación.

Es un primer paso hacia una comunicación más eficaz.