El Storytelling es como el sexo

Storytelling is like sex - David MametHace mucho tiempo ya que descubrí esta maravillosa cita de David Mamet. Cada vez que la comparto, recibe varios “me gusta”s y retweets. Porque es canalla, es graciosa. Y como ocurre a menudo con las cosas del humor, encierra mucha verdad. Es normal, Mamet es uno de los mejores guionistas vivos y ha dedicado su vida entera al mundo de las historias. Largos años sintetizados en 16 palabras:

“El Storytelling es como el sexo. Todos lo practicamos de forma innata. Algunos lo hacemos mejor que otros.”

Hoy tomo esta frase prestada para explicar por qué no puedo ofrecer un taller de “transmisión de conocimiento por imposición de manos” (esta idea se la robo a Montecarlo), ni creo en los “manuales para contar historias”. 

Para empezar y para que haya orden, tomo la definición de “sexo” [sexualidad] de la Wikipedia:

La sexualidad es el conjunto de condiciones anatómicas, fisiológicas y psicológico-afectivas que caracterizan el sexo de cada individuo. También, desde el punto de vista histórico cultural, es el conjunto de fenómenos emocionales, de conducta y de prácticas asociadas a la búsqueda del placer sexual, que marcan de manera decisiva al ser humano en todas y cada una de las fases determinantes de su desarrollo en la vida cotidiana.

De la entrada de la RAE, sólo me serviría la acepción 4, y me queda corta:

4. m. Placer venéreo.

Aclarados los conceptos, vayamos al grano: 

Qué tienen en común el Storytelling y el sexo?

  1. El Storytelling es una parte intrínseca de quienes somos, como seres humanos.
  2. Storytelling es un encuentro íntimo entre personasAunque ambas actividades se pueden practicar en solitario, se disfruta más compartiéndolas. 
  3. Hablamos de él como si fuera una cosa, cuando en realidad es una actividad.
  4. Los dos tienen un principio, desarrollo y desenlace, con su detonante, sus complicaciones, su climax y su conclusión…  Ahora bien, ¿eso importa mucho? Y ¿se pueden aplicar reglas a la duración y la forma que deberían tener estas partes?
  5. Las buenas historias nos emocionan. El buen sexo también. Luego está cuando ni una cosa ni la otra es tan buena… ;-)
  6. Su práctica no se puede subcontratar. O sí, se puede, pero el resultado no será el mismo que cuando te encargues tú.
  7. Hay tantas formas, formatos y posiciones posibles como individuos hay en la tierraNinguna es más válida que otra, todo depende del contexto y de las personas implicadas.
  8. Para compartir una historia hace falta consentimiento. El público da permiso al narrador para que le emocione. El narrador (novelista, cineasta…) que rompa ese pacto engañándonos, lo pagará caro.
  9. El Storytelling es una parte esencial de una relaciónCompartir historias nos ayuda a (re)conocernos, tomar confianza y construir sentido de pertenencia al grupo (aunque éste sea de dos ;-). 
  10. Las historias se cuentan “mirándose a los ojos” (eye to eye, en inglés). Narrador y público se reconocen y se acercan el uno al otro como iguales.
  11. El silencio y el feedback del otro son igual de importantes que las palabras que se dicen.
  12. Los manuales te pueden aportar alguna idea nueva, pero sólo la práctica nos hará ser tan buenos como MametPersonalmente he aprendido más de Anaïs Nin, que de Dr. Ruth.

Un profesional del Storytelling puede darte ideas sobre cómo enfrentarte a la hoja en blanco, ayudarte a pulir técnicas, a quitar superfluos y añadir poesía. Pero nunca puede contar en tu lugar.

P.D. El post prometido titulado QUÉ DEMONIOS ES UN POLVO UNA HISTORIA, está en el horno. ;-)

Mamá, quiero ser Storyteller

…y quiero serlo YA…

Quitando el “mamá”, esta frase resume un mail que recibí ayer. Y como no es la primera vez que me llega un mensaje de este tipo, lo contesto en abierto y así podré usar este post para futuras respuestas.

Hay dos cosas en las que creo firmemente:

  1. (Al igual que cocinamos, bailamos y tarareamos…), todas las personas contamos historias.
  2. No todos lo hacemos igual de bien.

O, como tan elocuentemente dijo David Mamet:

David Mamet on Storytelling
David Mamet on Storytelling

El caso es que el Storytelling está de moda. En un intento de dar con una nueva gallina de los huevos de oro, algunos gurús del Marketing y la Publicidad han decidido que para vender más, a las monas de siempre ahora hay que vestirlas de historia. Les deseo suerte, al tiempo que espero que pase la tormenta y llegue la próxima tendencia.

Lo triste del mail de hoy es que la persona que me escribe comenta que su puesto de trabajo depende de su capacidad de convertirse en contador de historias. Se siente presionado. Quería saber si impartía algún curso antes del verano. Le comenté que sí, pero que sería un curso de 3 horas, a todas luces insuficiente para lo que se proponía.

Y a esto iba: todos contamos historias (me da cierto reparo seguir el hilo de la metáfora de Mamet, aunque la tendré presente). O mejor dicho: contamos anécdotas, historietas, chistes… Lo hacemos de forma natural e inconsciente. Rara vez elaboramos un relato de tal manera que reluzca y llegue a nuestro público. Y casi nunca nos preguntamos qué estamos diciendo en realidad, o cuál es nuestra intención al compartir, más allá de entretener.

También como oyentes, espectadores y lectores somos poco activos. No cuestionamos lo que escuchamos, miramos, leemos. No profundizamos en las capas de los contenidos que “consumimos” a diario.

La buena noticia es que se puede aprender a cocinar, bailar, cantar y contar historias. En todos estos casos, aprendemos a hacerlo haciéndolo, practicando, observando lo que funciona y lo que no, probando y mejorando. Hay cosas que no podemos aprender leyendo sobre los tres o cinco pasos para conseguir el éxito, ni aplicando una plantilla. El Storytelling desde luego entra en esta categoría.

Así que “la mala noticia” es que aprender a contar historias requiere tiempo y dedicación. Y no todos tenemos los mismos talentos, ni todos estamos dispuestos a invertir en los mismos viajes. Añadiría: ni falta nos hace. Porque personalmente creo que no nos debería ir el trabajo, ni la vida, en aprender lo que esté de moda, sino en caminar en nuestros propios zapatos y sacar lo mejor de nosotros mismos.

Continuará…