Azúcar

Una madre lleva a su hijo a ver el maestro.

Por favor, maestro, dice la mujer, dile a mi hijo que deje de comer azúcar. A tí, te hará caso.

Vuelve dentro de una semana, le contesta el maestro.

La mujer toma a su hijo del brazo y se dirije a su casa.

Una semana más tarde, madre e hijo vuelven a visitar el maestro, que enseguida le habla al niño:

Hijo, deja de tomar azúcar!

La mujer se queda perpleja: Y esto, ¿¡no se lo podrías haber dicho hace una semana!?

Hace una semana, yo todavía tomaba azúcar, le contesta el maestro.

Los tres filtros

Un joven discípulo llega a casa de su maestro visiblemente excitado y le dice:
“Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…”

“¡Espera!”, le interrumpe el sabio,
“¿Ya pasaste lo que quieres contarme por los tres filtros?”

“¿Qué tres filtros?” pregunta el discípulo.

“El primero es el de la verdad.
¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?”

“No,” le contesta, “Oí a unos vecinos decir que…”

El maestro le interrumpe nuevamente:
“Al menos lo habrás pasado por el segundo filtro, que es el de la bondad.
Eso que deseas contarme, ¿es bueno para alguien?”

“No, en realidad no. Más bien al contrario…”

“El último filtro es el de la necesidad.
¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?”

“A decir verdad, no.”

“Entonces” dice el sabio sonriendo,
“si no es verdadero, ni bueno, ni necesario,
sepultémoslo en el olvido”.

Cuento de la tradición sufi