Porqué lo llamo Storytelling y no “contar historias”

De vez en cuando, muy de vez en cuando, en esos días que nada podrá acabar con mi buen humor, miro mi búsqueda guardada de la palabra “storytelling” en España. Y desde que un día topé con un tweet con el hashtag #estoritelin, a veces también tecleo ese término para ver si alguien lo usa.

Un día de octubre (de esos que nada podía acabar con mi buen humor, sí) me topé con esta pregunta de Diego Macaya:

Itziar M. Ceberio ya había contestado:

Aún así, me pareció conveniente decir lo mío:

Diego no me contestó. Y por lo visto, nadie más se fijó. Guardé el tweet en favoritos (lo sé, hay otras maneras mejores de archivar las cosas) y me olvidé de él hasta hoy.

Resulta que, hashtags aparte, no es la primera vez que alguien (me) hace esa pregunta. De hecho, desde que montamos nuestra empresa hace ya seis años, me la han hecho muchas, muchas veces. Y en cada ocasión he tratado de explicar “porqué lo llamamos Storytelling y no contar historias”. Pero nunca se me había ocurrido escribirlo aquí. (Sí, lo sé…). Hasta hoy.

Storytelling, en inglés, se refiere tanto a la técnica narrativa (“contar historias”, si quieres) como a la relación entre Storyteller, historia y audiencia; una relación dinámica, de influencias mutuas, que es en cierto sentido sagrada. Y que, desde luego, poco tiene que ver con técnicas de ningún tipo. Ni con contar historias en sí.

Como escribió mi socio hace años:

El triángulo Storyteller-historia-audiencia […] requiere la colaboración de todas las partes. Y es de ese intercambio activo que se lleva a cabo de donde el usuario, por voluntad propia y debido a la transformación que experimenta, puede variar su actitud (al igual que puede hacerlo el emisor inicial). Se trata, como digo, de un proceso complejo y orgánico, que busca sacudir capas profundas de la persona.

Yo lo llamo Storytelling porque no me dedico a “contar historias”. Como tantos compañeros de profesión, yo trabajo con las historias para facilitar la transformación de personas y organizaciones. Lo hago aportando mi parte (mi presencia, mi intención, mi escucha, mis preguntas, mi invitación…) al sistema para que en el conjunto se pueda producir la magia.

Supongo que a aquellos que buscaban un “5 pasos para contar la historia perfecta”, este texto les resultará extraño. Probablemente, no era para ellos. ;-)