Storytelling for Branding, the Red Bull Way

One of the questions I get asked more often (by Marketing and advertising pros, most of the time) is “Who, in your opinion, is using Storytelling to it’s full extent in their Marketing strategy?”
And although I know there are other brands doing cool stuff, I must admit I have a flaw for Red Bull. And this is why.

In my last year at school in Holland, I had made up my mind to spend (at least!) a year abroad before starting University. I had been skiing in Austria and thought that would be a good place to start. I got a job at a restaurant, working shifts. That was ok, but I was young and wanted to party, too. My Austrian friends introduced me to this local drink wrapped in blue and silver cans. They told me it had all sorts of secret ingredients that would allow me to go dancing in Italy on a Wednesday night and be up and ready to serve coffee n Austria on a Thursday morning. I won’t go into details here, but I can tell you that during the summer of 1992 Red Bull became an unmissable part of my breakfast routine. (I should add here that I never particularly liked the taste. It always reminded me of gummy bears somehow. And liquifying little animals seemed cruel, somehow. But it worked, it gave me wings. And I became a fan).

Nearly 20 years later, this local Austrian brand has conquered the world. Wikipedia will tell you they have done so “using an aggressive Marketing strategy”. Let’s say they’re right. But let’s see, what did and does their strategy really consist of? For almost two decades, their advertising campaigns were different versions of one idea: “Red Bull Gives you Wings”, and displayed the same cartoon style:

Red Bull – Confession


Today, they also use clips from the many extreme athletes they sponsor. A part from that, they have filled our cities with their blue and silver cars with huge size cans on top:

Plus, and here’s the thing: they have always been very active in sponsorship. Back in 1992, they mainly sponsored typically Austrian winter sports like snowboarding, whereas today, projects range from adventure sports and athletics, to aerial and motor sports. And, as I learned yesterday while watching Spanish national TV, they also have a true Music Academy.

What is my point here? Red Bull, before asking themselves “what story they should tell the world”, they have taken action. Today, they have many stories to share with the world, and all are based on the one thing they actually DO, which is helping people to live their lives fully (being it a waitress who loves dancing, an extreme snowboarder who wants to go for the most remote mountain, or a musician who dares to go beyond the known in music history).

Dietrich Mateschitz, Red Bull’s CEO, who one day, sitting at a bar in Asia, stated that “there was no market for energy drinks in Europe, but he would create one“, today, rules the world from his office in the tiny village of Fuschl am See. I still don’t like ground gummy bears, but I do admire coherent, transparent and action orientated people like Mr. Mateschitz. Therefore, I honestly think he is one of the few to use Storytelling to it’s full extent in their Marketing strategy.

He embodies the Screenwriter’s principle “Show, don’t tell”. Or, wrapping it up Snijders’ style: “First, act upon your values, then shape the stories you tell about what you do.”

Storytelling. Lo que es. (Un post enfadado y algo tristón)

Hoy estoy mosca. Y no es un buen sitio desde el que escribir un post. O tal vez si, lo veré cuando acabe.

Estoy enfadada por la cantidad de tonterías que leo alrededor de la palabra Storytelling. Molesta porque para mi, y para muchos profesionales como yo, es una disciplina que merece mucho respeto y así la tratamos. A cada paso que damos, honramos a los que estuvieron antes que nosotros, a nuestros clientes y nuestros compañeros. Lo hacemos sabiendo que somos herederos de una tradición muy antigua y muy importante para el ser humano. Más de lo que, por lo visto, es consciente.

Las historias dan forma a nuestra realidad. Son la manera que tiene el ser humano de explicarse lo inexplicable. Son el modo que tiene de estar en paz con la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, Dios y el mundo. Las historias son vehículos de aprendizaje y de acercamiento. No importa que cambien los medios, ni las modas. Ellas se transforman todas las veces que haga falta para seguir enseñándonos.

Últimamente veo que se aplica el término Storytelling a chistes, anuncios, anécdotas, incluso Powerpoints. Y mi corazón se encoge. Tengo pesadillas, sueño con un mundo en el que las historias que nos contamos son tan pobres y estúpidas, tan planas y simplistas, que como especie ya sólo podremos caminar hacia atrás, como los cangrejos.

Y es que las historias dan forma a nuestra realidad. Si no estamos dispuestos a profundizar para entendernos. Si no queremos explorar para ser mejores. Si nos negamos la duda, lo desconocido y el misterio… Si, en definitiva, sólo estamos dispuestos a consumir contenido “fast food”, despojaremos a nuestra realidad de toda opción de crecimiento y transformación. Caminaremos por los mismos caminos asfaltados una y otra vez y nos preguntaremos porqué estamos tan mal y dónde está la salida.

Hasta el día que ya no habrá salida posible. Porque habremos olvidado crearla.

Dime qué te preguntas y te diré qué respuesta obtienes

El pasado martes, día 27, Montecarlo y yo dimos una charla en ADEG, Associació d’Empresaris del Garraf i el Penedès para promocionar nuestro libro El Consejo. Nos pidieron que habláramos de “Cómo usar el Storytelling para vender más”. Y queríamos hablar de ello, aunque nuestras mentes nos llevaron a otro sitio. ;-)

Montecarlo empezó la intervención con una reflexión sobre “La crisis como estado mental“, que había iniciado días antes en twitter.

El terminó hablando de un viejo dicho zen que dice:

la realidad es como un espejo: cada uno se asoma y ve en él una parte, según la posición y ángulo desde el que se encuentra. La realidad “es”, como el espejo. Nuestra mirada capta el reflejo, o sea, la interpretación de lo que ocurre según nuestro punto de vista.

Yo le tomé el relevo preguntándome lo siguiente:

Si es cierto que el espejo no cambia, ¿qué otro ángulo puedo adoptar yo para tener otra visión?

Me contesté a mi misma: las preguntas que nos hacemos sobre el mundo nos ubican ante el espejo.
O, como decimos en Coaching, tomando una máxima socrática:

La calidad de la respuesta depende de la calidad de la pregunta.

Entonces, me pregunto, ¿realmente queremos preguntarnos “cómo vender más”?

¿Qué pasaría si cambiásemos la pregunta?
¿Qué respuestas obtendríamos?
Podríamos preguntarnos:

    ¿Cómo ganar más dinero? ¿Cuánto más? ¿Comparado con qué / con quién?
    ¿Cómo puedo tener más tiempo libre? ¿Cuánto más? ¿Comparado con qué / con quién?
    ¿Cómo optimizar mis recursos?
    ¿Cómo obtener mayor balance profesional – personal?
    ¿Cómo vender de forma diferente?
    ¿Cómo posicionarme de manera distinta?
    ¿Cómo vender de un modo más relajado?
    ¿Cómo vender mejor?
    ¿Cómo comprar menos?
    ¿Cómo gastar menos?

Cada una de estas preguntas dirige nuestra mirada a una dirección distinta y nos lleva a respuestas diferentes. Nos coloca ante el espejo del mundo en otro ángulo, para seguir con la metáfora.

De la misma manera que diferentes preguntas dan diferentes respuestas, diferentes historias dan diferentes versiones del mundo y diferentes posibilidades de futuro.

Las historias que nos contamos respecto a la crisis (o a las crisis, en general) suelen ser muy pobres. “La cosa está fatal”, “no hay dinero”, “el gobierno lo hace del c***”… Si compartimos historias tan pobres, con tan pocos personajes y elementos, no veremos opciones de desarrollo. Podríamos preguntarnos “¿quién más hay ahí?” (¿realmente estamos solos ante el peligro?), ¿qué posibilidades no estamos viendo? ¿qué cambio nos resistimos a realizar?

Y para ilustrar la idea, compartí varias anécdotas. Aquí una de ellas:

Los vendedores de hielo
Finales del siglo XIX, se empiezan a comercializar las primeras cámaras frigoríficas. Dos vendedores de hielo se encuentran en un bar.
El primer vendedor se lamenta al segundo: “Con ese nuevo invento, se acaba nuestro negocio, ya no habrá sitio para un vendedor de hielo”.
El segundo le contesta: “¿Ah, pero tu vendes hielo? Yo siempre pensé que vendía una solución para mantener los alimentos más tiempo. De hecho, el lunes empezaré a vender también neveras”.

Empezando por hacerte nuevas preguntas, puedes construir una historia más rica en detalles, que te lleve hacia nuevas soluciones.

¿Para qué contar historias?

La información, hoy, está a la vuelta de un click. Podemos tener acceso al instante a muchos datos. Dicen que vivimos en la era del conocimiento. Discrepamos: vivimos en la era de los datos inconexos. Conocer y entender tiene que ver con ligar los hechos y darles sentido. Así que cada vez más, necesitamos conectar las piezas y construir relaciones entre ellas. Hemos de hacerlo para comprender el mundo en el que vivimos.

Por otro lado, parece que cada día es más fácil relacionarse con otras personas. La redes sociales nos facilitan encontrar perfiles con intereses similares a los nuestros. Un simple cruce de etiquetas, una bio de 160 carácteres, cuatro citas y ¡voilà!: ya tenemos un potencial amigo a la vista. También las marcas han descubierto el gran potencial de la web 2.0 para encontrar a su público. Pero relacionarse es algo más que añadir a un avatar a la lista de contactos, followers o fans. Y es mucho más que ponerle un “I like” a un mensaje de estado o una foto.

El gran cambio que nos dan las plataformas tecnológicas está en el poder de diálogo que ofrecen. ¿Sabemos sacarle todo el jugo que se merece?

Porque la otra cara de la moneda es que vivimos en un mundo ruidoso, un entorno de mil impactos por segundo que ha mermado nuestro hábito de escuchar y de observar.

En este escenario, el Storytelling nos ofrece una oportunidad única de mirar la vida con calma y con la curiosidad de un niño. Nos da la posibilidad de reinventarnos a través de las múltiples explicaciones que le damos a la realidad que nos envuelve.

Meme. Ya estamos conectados. Y ahora, ¿qué?

Esta mañana me sorprende mi amiga Patricia de Andrés con uno de mis pasatiempos favoritos (este comentario en twitter llevaría el hashtag #humorholandes): un… ¡Meme! iniciado por Agustí Brañas.

Patricia me pide que

amplíe un poco esa idea del Storytelling Personal para el Networking porque le da el pálpito que el enfoque de lo que contamos y cómo lo construimos es clave para analizar lo que conseguimos.

Resulta que precisamente ayer por la tarde di una conferencia sobre el tema en la Asociación Española de Directivos y acabo de de subir las slides:



Me falta aportar mi granito de arena sobre el entorno 2.0. Sinceramente, hasta hoy no he descubierto una gran diferencia en las posibilidades, ni las reglas del juego del mundo off y el mundo on. Ante la duda de cómo comportarme, hasta hoy me ha servido el sentido común.


Lo que si me llama la atención es un tema muy propio de la PNL: la definición de objetivos. Para conseguir un objetivo, el primer paso es definir lo que queremos conseguir, y hacerlo siendo realistas. Preguntarnos cómo lo vamos a conseguir y trazar un plan. Dar pasos, evaluarlos y rediseñar nuestras acciones hasta llegar a la meta.


Creo que tanto en el entorno del networking off-line, como en las redes sociales, falla esta parte. Mejor dicho: falla el objetivo más allá de “darnos visibilidad”, “conseguir tarjetas” o “llegar a los mil contactos”. También nos podemos equivocar en la definición de nuestro target (confieso que me ha pasado) y perder tiempo intentando convencer a quien nunca nos va a comprar.


Reflexionando en voz alta, también creo que en internet las cosas parecen moverse muy rápido. En una tarde, podemos montar un blog, y todas las perfiles digitales que queramos. En pocas semanas, podemos conseguir hacer mucho ruido. Pero la notoriedad no iguala la confianza que inspiramos en los demás. La confianza, como los buenos guisos, necesita su tiempo de cocción. Y los negocios se basan en la confianza (mutua).


Y paso la palabra a @Yoriento y @Seniormanager que no se me ocurren mejores profesionales para opinar sobre este tema.

Serendipity

Dedico este post a Trina Milan, Jaime Valverde, Marco Cimino, Ricard Castellet: compañeros de twitter, de gourmet y de conversaciones enriquecedores. También se lo dedico a mi socio y compañero de viaje Montecarlo que aunque ayer no pudo compartir nuestra mesa, comparte todo lo demás. A todos ellos les invito con mucho cariño a seguir este meme que hoy empiezo.


Ayer por fin salió el sol en Barcelona. Olía a temprana primavera. Me desabroché la chaqueta y dejé que el aire me refrescara mientras subía en moto por el Paseo de Gracia. El destino: el 103 de Santaló. La misión: compartir visiones sobre el coaching con mis amigos de twitter.


Teníamos previsto hablar de coaching. Pero con las buenas conversaciones, ocurre como con los buenos viajes: nos llevan a lugares imprevistos. Así de pronto, nos descubrimos hablando de la suerte que teníamos de habernos conocido. Y de lo improbable que hubiera sido encontrarnos “en la vida real”. (Los twitteros somos así de raritos: distinguimos entre nuestros dos mundos paralelos: el paisaje digital y el tangible). También contaron Marco y Jaime como la semana pasado escribieron dos posts sobre el mismo tema y con títulos casi idénticos.

Creo que fue Trina quien le puso nombre: “Serendipity“.


Y ¿qué es, serendipity?


Si recurrimos al diccionario online de Cambridge (el de la RAE no incluye el término), nos da una definión adecuada a la vez que aséptica:


serendipity


Aunque personalmente me gusta más entender las palabras por su contexto, su historia. Y ésta en concreto tiene una historia de verdad: “Los tres príncipes de Serendip“, de la que ayer compartí la parte que recordaba. La historia fue publicada por primera vez en Venecia en 1557, aunque su tradición oral se remonta a siglos anteriores. Y probablemente es originaria la India. Es parte de la magia de las historias, que se pierda su origen, que cambien y crezcan cada vez que son contadas.


Cuenta esta historia que “los tres príncipes durante su largo viaje, contínuamente descubrían cosas, por accidente o por astucia, que no tenían relación evidente con su búsqueda.” Coincidimos que a todos nos ha pasado. Que nos pasan cosas inexplicables, vivimos coincidencias fortuitas que cambian nuestra visión e incluso nuestro rumbo. Que nos hacen reflexionar y nos llevan a soluciones inimaginadas.


Hoy, cuando me he sentado a darle forma a mis pensamientos, me he acordado de una conversación que tuve con mi amiga Mertxe sobre El Secreto. En aquella ocasión hablamos de lo imposible que resulta conseguir las cosas sólo porque te las imaginas y crees en ellas. La realidad supera a los libros, es más compleja que ellos. Y también, si lo queremos ver, es mucho más maravillosa que lo que se pueda recoger en un texto. Y a eso iba: La magía no ocurre porque crees en ella, pero si no crees, te aseguro que se mantendrá invisble a tus ojos.


¿Estás dispuesto a creer?